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martes, 25 de enero de 2011

BIENAVENTURADOS LOS PACIFICOS

LA PAZ ES UNA PALABRA COMPLEJA
Bienaventurados los pacíficos, porque los que están a su lado serán felices.
Siempre se ha dicho que las bienaventuranzas son un buen resumen del programa de vida que plantea Jesús. Bienaventurado es aquella persona afortunada y feliz. La paz, aquí planteada, va más allá de la pura tranquilidad.
Otro tipo de paz: las bienaventuranzas (Adpatación)
Viendo que la gente estaba a su lado esperando oirle hablar, subió al monte y se sentó.
Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Felices los mansos, porque ellos poseerán en herencia la tierra.
Felices los que lloran, porque ellos serán consolados.
Felices los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.
Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.
Felices los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.
Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Felices seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.
Pensamos: ¿Es una contradicción ser feliz por ser perseguido, injuriado o por llorar? ¿Qué papel juegan los demás en la consecución de mi felicidad? ¿Es el camino de la felicidad algo que pueda hacerse en soledad? ¿Serías capaz de desarrollar cada una de las bienaventuranzas?

miércoles, 5 de enero de 2011

¿ A QUIEN ADORAMOS ?

Los magos vienen del «Oriente», un lugar que evoca en los judíos la patria de la astrología y de otras ciencias extrañas. Son paganos. No conocen las Escrituras Sagradas de Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de «adorar».
Su presencia provoca un sobresalto en todo Jerusalén. Los magos han visto brillar una estrella nueva que les hace pensar que ya ha nacido «el rey de los judíos» y vienen a «adorarlo». Este rey no es Augusto. Tampoco Herodes. ¿Dónde está? Ésta es su pregunta Herodes se «sobresalta». La noticia no le produce alegría alguna. Él es quien ha sido designado por Roma «rey de los judíos». Hay que acabar con el recién nacido: ¿dónde está ese rival extraño? Los «sumos sacerdotes y letrados» conocen las Escrituras y saben que ha de nacer en Belén, pero no se interesan por el niño ni se ponen en marcha para adorarlo.
Esto es lo que encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo en los representantes del poder político; indiferencia y resistencia en los dirigentes religiosos. Sólo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán.
Los magos prosiguen su larga búsqueda. A veces, la estrella que los guía desaparece dejándolos en la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de «inmensa alegría». Por fin se encuentran con el Niño, y «cayendo de rodillas, lo adoran». Después, ponen a su servicio las riquezas que tienen y los tesoros más valiosos que poseen. Este Niño puede contar con ellos pues lo reconocen como su Rey y Señor.
En su aparente ingenuidad, este relato nos plantea preguntas decisivas: ¿ante quién nos arrodillamos nosotros?, ¿cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén?, ¿ponemos a sus pies nuestras riquezas y nuestro bienestar?, ¿estamos dispuestos a escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia? En nuestras vidas siempre hay alguna estrella que nos guía hacia Belén.

sábado, 5 de junio de 2010

Homilía de la Fiesta del Cuerpo y Sangre del Señor. Por D. José lozano


La Fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor
¿Por qué celebramos esta Fiesta?

Los cristianos creemos que el pan y el vino consagrados son el Cuerpo y la Sangre del Señor. Así lo dijo Jesús en la Última Cena que tuvo con sus discípulos, la noche antes de morir por nosotros. Antes de que mataran a Jesús, él mismo entregó su vida, dándonos su cuerpo y su sangre en el pan y en el vino. Por eso cuando celebramos la Eucaristía en el altar, Jesús se hace presente, viene a encontrarse con nosotros, a entregarse a nosotros y a alimentarnos con su Cuerpo y con su Sangre. Y, cuando acaba la Celebración de la Misa, guardamos su Cuerpo en el sagrario para que esté con nosotros y poder venir a estar con él, siempre que podamos. Este sacramento es lo más grande que nos ha dejado el Señor. Por eso celebramos esta Fiesta en su honor para adorarle, darle gracias y darnos cuenta de lo que tenemos que hacer en nuestra vida.
¿Para qué recibimos el Cuerpo y la Sangre del Señor?
Participando en la celebración de la Eucaristía y comulgando queremos unirnos con Jesús, alimentarnos de él, y también unirnos todos los cristianos para formar, junto con Jesús, un solo cuerpo. Recibimos el Cuerpo del Señor para formar, todos, un solo cuerpo.“Los que participamos de un mismo pan, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo”.(1ª Corintios 10,17).

Somos cristianos si nos alimentamos de Jesús, si vivimos unidos a él y si vivimos unidos a los otros cristianos, compartiendo nuestra vida y nuestros bienes con ellos. Los cristianos, si no estamos unidos, si no compartimos nuestros bienes, si no nos ayudamos unos a otros, no podemos ser cristianos. Cuando nos encontramos con una persona, nos encontramos con el Cuerpo del Señor. Para nosotros, cada persona es el Cuerpo del Señor. Adoramos al Señor en la Eucaristía y en las personas.

¿Qué otra cosa celebramos el día del Cuerpo del Señor?

Ese día, es también la Jornada Nacional de la Caridad. Al adorar a Jesús en la Eucaristía, lo reconocemos y adoramos en los pobres, porque en los pobres está igual que en la Eucaristía, y porque los pobres son el Cuerpo del Señor. En ese día todo lo que se recoge en la Iglesia, se entrega a Cáritas para que pueda ayudar a los pobres. En todas las parroquias está Caritas para ayudar a las personas necesitadas de aquí de España y de otros países que han venido aquí. Y también, Cáritas, está a nivel de Elche, en la provincia y a nivel nacional. Cáritas también a ayuda a las personas necesitadas de otros países. Si en las parroquias no estuviera Cáritas, las parroquias no serían cristianas. Todos los cristianos hemos de dar a Cáritas y compartir con los pobres todo lo que podamos.

¿Qué quiere decir comulgar?

Comulgar quiere decir “unirse en cuerpo y alma” a Jesús y a todas las personas, para darles nuestro amor y compartir nuestra vida y nuestros bienes con Jesús y con las personas necesitadas. Cuando comulgamos y recibimos el Cuerpo de Jesús, nos hacemos una sola cosa con él, con todas las otras personas y especialmente con los pobres.  Al comulgar, recibimos a Jesús y recibimos a los otros cristianos, y también nos unimos a toda la humanidad, porque Dios ha hecho la humanidad para que sea una sola familia y un solo cuerpo; por eso decimos en el Credo: “Creo en la comunión de los santos”. “Comunión de los santos” quiere decir: “Común unión de todas las personas”, ser una familia, uno solo cuerpo, tener una misma vida, estar unidos para compartirlo todo. 

sábado, 15 de mayo de 2010

Homilía de la fiesta de la Ascensión del Señor (Enviada por D. José lozano)

Día de la Ascensión del Señor -16 de mayo 2010
La fiesta de la Ascensión del Señor es otra manera de celebrar su resurrección, otra forma de expresar que Jesús ha vencido la muerte y vive la misma vida de Dios, que está por encima de todo. Y, al mismo tiempo, esta fiesta, nos da a entender cuál es nuestro destino en el futuro. Jesús que es Dios, pero también ser humano, igual a nosotros, es el primero que participa de la vida de Dios, después iremos nosotros. Vamos caminando por este mundo, estamos muy comprometidos con las realidades que la vida nos ha presentado y nos va presentando, pero nuestro destino no este mundo sino el futuro. Las realidades de este mundo son muy importantes, pero, al mismo tiempo, relativas.
La lectura del libro de las Hechos 1,1-11, nos habla de la última aparición de Jesús a sus discípulos. Les recomienda que permanezcan en Jerusalén hasta que reciban “la promesa del Padre”, el Espíritu Santo. Y, a pesar de que Jesús había muerto y resucitado, vuelven otra vez a preguntarle si era el momento de restaurar la soberanía (política) de Israel. A lo que Jesús contesta que no se preocupen de eso, porque es cosa del Padre. En cambio les dice que recibirán el Espíritu Santo para ser sus testigos en todo Israel y en el mundo entero. Esto mismo les dicen los ángeles: “que no se queden mirando al cielo”. Al subir Jesús al cielo comienza el tiempo del testimonio y de la evangelización. Este es el tiempo en que nosotros vivimos, el del anuncio de la Buena Noticia de Jesucristo, con nuestra vida, estilo de vida, compromiso, para la salvación nuestra y de todo el mundo.
El salmo 46, nos invita a reconocer, nosotros y todos los pueblos, a Dios que está por encima de todo y que gobierna la historia, aunque parezca que no hace nada.
En la segunda lectura, Efesios 1,17-23, (también se puede leer Hebreos 9,24-28; 10,19-23) San Pablo hace una oración para que Dios nos conceda la luz que necesitamos y así podamos comprender la herencia que Dios Padre nos tiene preparada y de la que ya está participando su Hijo Jesús, al que ha hecho cabeza de la Iglesia. Y donde está la cabeza allí estará también el cuerpo. Pablo desea que los cristianos no pierdan la perspectiva y el sentido de su vida, que es la persona y la vida de Cristo, y que, en la vida de los seguidores de Jesús se manifieste, ya en este mundo, esa vida nueva que nos aguarda en el futuro. Esto debe dar una esperanza muy grande, invencible, a la vida de los cristianos, para que no se desengañen nunca de la realidad de este mundo, porque toda esta humanidad que ahora vemos, a pesar de todas sus contradicciones y miserias, participará un día de la misma gloria de Cristo.
Junto con los buenos políticos y con las personas honestas y comprometidas, somos los cristianos los que hemos de transmitir esperanza al mundo en esta “hora baja” de la humanidad, sin desengañarnos nunca y sin tirar jamás la toalla.
En el Evangelio, Lucas 24,46-53, Jesús hace una lectura positiva de su muerte, y la presenta como el comienzo de la liberación le la humanidad. A partir de su muerte y resurrección se, “se ofrecerá a todos los pueblos la conversión y el perdón de los pecados”, y para esto Jesús enviará lo que el Padre ha prometido, El Espíritu Santo.
Como vemos la Ascensión del Señor tiene un fuerte mensaje o carga misionera: “No os quedéis mirando al cielo”, “recibiréis la fuerza de lo alto para ser mis testigos en todo el mundo”,  “anunciaréis la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos”, “comprender la esperanza a la que Dios nos llama para no decaer nunca en la lucha”.
En esta celebración de la Eucaristía, en el momento más importante, después de la consagración, haremos el compromiso de llevar a todo el mundo la Buena Noticia, el testimonio de Jesús, la liberación que él ha iniciado, entregando su vida y resucitando, diremos todos solemnemente: ANUNCIAMOS TU MUERTE, PROCLAMAMOS TU RESURRECCIÓN, ¡VEN, SEÑOR JESÚS!. Y cuando acabemos esta Eucaristía seremos enviados por Dios, a través del sacerdote, a compartir con todos, lo que creemos y lo que hemos experimentado en nuestro encuentro con Jesús en esta Eucaristía: PODÉIS IR EN PAZ A SER TESTIGOS DE JESÚS RESUCITADO Y A ANUNCIAR A TODOS EL AMOR Y LA MISERICORDIA DE DIOS (la conversión y el perdón de los pecados). No es “podéis ir en paz a pasarlo bien”, sino a ofrecer a todos la experiencia que da sentido a vuestra vida, la esperanza de participar en la vida de Jesús resucitado.
Que la Ascensión del señor, llene nuestra vida de esperanza para comprometernos en seguir construyendo la humanidad que Dios quiere, en un mundo desorientado y lleno de problemas de todo tipo, en el que no se ve otra salida que la continuación del bienestar, aunque una gran parte de la sociedad esté hundida en la precariedad y a penas pueda sobrevivir.
Desde hoy, día de la Ascensión, hasta el próximo domingo, Fiesta de Pentecostés, vamos a permanecer en oración para recibir esa fuerza de lo alto, el Espíritu Santo, y convertirnos en esos testigos que Jesús quiere enviar al mundo continuar y llevar a cabo ese proceso liberador que Jesús ha iniciado con su vida muerte y resurrección.

sábado, 1 de mayo de 2010

Homilía 5º domingo de Pascua. Ciclo C. Enviada Por D. José Lozano


Domingo 5º de Pascua – 2 de mayo de 2010

Continuamos el tiempo de Pascua asombrándonos (desde la fe) por la resurrección del Señor Jesús que ha vencido la muerte, y aunque parezca mentira,  junto con la muerte ha acabado con las cosas negativas de este mundo y con todo lo que esclaviza al ser humano.
En el Evangelio de este domingo, Juan 13,31-33, Jesús habla de dos cosas: Su glorificación y el Mandamiento Nuevo.
Para Jesús, su glorificación consiste en su muerte, en la entrega de su vida para la salvación de todos, en la manifestación de su amor a la humanidad pasando por el suplico de la cruz.
Para cualquier persona de este mundo, la gloria es el momento en que se ve encumbrada, reconocida y aplaudida por todos. La gloria para un deportista es el momento en que sube al pódium y recibe la medalla de oro o de cualquier otro metal. La gloria para un partido político es ganar las elecciones con mayoría absoluta. Y para una entidad económica, la gloria es obtener una ganancia mucho más allá de todas las previsiones, doblar su patrimonio, por ejemplo. Para el mundo la gloria consiste en tener, poder y placer.
Como vemos la gloria de Jesús es otra cosa muy distinta a lo que es para el mundo. Para Jesús la gloria consiste en el amor. Y cuanto mayor es el amor, mayor es la gloria, aunque ese amor lleve a la persona a dar la vida. La felicidad para Jesús está en la vivencia de las bienaventuranza (Mt.5,3-12)
Tendríamos que preguntarnos a qué aspiramos y para qué educamos a nuestros hijos, si para la gloria del mundo o para la gloria de Jesús. También tendríamos que preguntarnos a qué gloria aspiran nuestros políticos, y a donde se encaminan todos los esfuerzos y aspiraciones del mundo en que vivimos, en la escuela, la empresa y la política.
La segunda cosa que de la que habla Jesús es el Mandamiento Nuevo. Lo da a sus discípulos en la última Cena, cuando estaba despidiéndose de ellos, era como su testamento, su última voluntad. Textualmente dice: “amaos unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros”.
Primero Jesús dice que nos ha amado él: “como yo os he amado”. Es decir que, para Jesús, el amor nace de una experiencia de amor. Primero uno ha de sentirse amado y darse cuenta de que su vida es hermosa y vale la pena, y después de experimentar lo grande que es el amor, podrá compartir esa experiencia con los demás. Nadie da lo que no tiene. Una persona sólo madura cuando tiene la experiencia del amor, cuando se siente querido de verdad por otra persona.
La experiencia del amor es lo que nos hace descubrir quiénes somos nosotros, lo que vale nuestra vida, nuestras posibilidades y nuestra dignidad. A partir de esta experiencia la persona puede ponerse en marcha, para vivir una vida que valga la pena, una vida en plenitud. Lo que Jesús quiso decirles es: Daos cuenta de lo que yo os he querido, de lo que he sido capaz de hacer por vosotros y hasta dónde he llegado. Primero he sido yo quien os he querido a vosotros y os hecho mis amigos, daos cuenta de lo que habéis vivido conmigo. Esta misma experiencia de amor que habéis tenido conmigo, es la habéis de tener unos con otros. Podríamos entender la frase de Jesús: Amaos unos a otros, porque yo os he amado.
Jesús utiliza la pedagogía de la experiencia. Cuando le decimos a una persona una cosa, para que la haga, si esa persona no está convencida de que le queremos de verdad, si no tiene la experiencia de nuestro amor (aunque en nuestro interior la queramos), no aceptará nada de lo que le decimos, todo lo que le decimos le resbalará.
Por eso es muy difícil que podamos amarnos unos a otros si no tenemos la experiencia de ser queridos infinitamente por Jesús y por las personas, y, a partir de esta experiencia, querernos a nosotros mismos. Es muy difícil que podamos amar de verdad, si no hemos tenido una experiencia de intimidad con Jesús. Por mucho que nos esforcemos en amar nunca podremos llegar a querer de verdad a las personas, de una forma gratuita y desinteresada, incluso a dar nuestra vida por ellas, si no hemos llegado a saber por experiencia lo que es amor de verdad. Y ese amor de verdad, sólo lo tiene el que es el amor en persona, Jesús, y aquellas personas a las que él se lo ha dado. 

Ser cristiano es tener experiencia del amor de Jesús, experimentar quién es Jesús en su intimidad, y después, o al mismo tiempo, compartir esa experiencia con las personas que traten con nosotros, a través de nuestra familia, nuestro trabajo y de nuestro compromiso en el mundo.
Es necesario que, los que queremos ser cristianos, y que se  nos distinga porque nos amamos unos a otros, cultivemos muy a fondo nuestra comunicación y nuestra intimidad con Jesús: Oración, Eucaristía, lectura de la Palabra, y, de una forma especial, nuestro compromiso con los pobres.
A eso venimos precisamente a la Eucaristía, a experimentar el amor del que lo dio todo y se entregó a la muerte por nosotros. Esto es lo que celebramos en esta reunión.

sábado, 24 de abril de 2010

Homilía 4º Domingo de Pascua ciclo C (por D. José Lozano)

Domingo 4º de Pascua – 25 de abril de 2010
Este domingo de Pascua, en el que se conserva la alegría y el carácter propio de este tiempo, siempre se ha llamado el domingo de “el Buen Pastor”. En él se ha mirado a Jesús como la persona que acompaña a cada cristiano y a toda la Iglesia en todos los momentos de la vida y a través de todos los siglos, como un pastor acompaña  y se preocupa por la vida de sus ovejas. Jesús ha resucitado para acompañarnos y caminar con nosotros. Cristiano es el que se siente acompañado y apoyado, en todo momento, por Jesús resucitado. Y, al contemplar al único Pastor de la Iglesia y de la humanidad, la comunidad cristiana, se ha fijado en los que desempeñan las tareas pastorales en la Iglesia, los sacerdotes, los párrocos, los obispos y el Papa. Ha sido un día de oración y de apoyo a los que desempeñan este servicio en la comunidad cristiana.
Pero además de esto, al leer la Palabra de Dios, en este domingo, nos damos cuenta de los objetivos de este Pastor. Jesús ha venido a este mundo para reunir a toda la humanidad en una sola familia, para hacer, de toda la especie humana, un solo rebaño bajo un solo pastor. Todos los domingos y todo el tiempo de Pascua, tienen este carácter misionero. Jesús no es el Salvador de una nación o de un sector de la humanidad, sino del mundo entero.
Jesús resucita para acompañarnos y también para enviarnos a todos, a anunciar el Evangelio a toda la humanidad. Cristiano es el que participa de la misión pastoral y evangelizadora de Jesucristo, con sus palabras y sobre todo con su compromiso y con su vida.
Así vemos en la primera lectura, Hechos 13,14. 43-52, a Pablo anunciando el Evangelio de Jesús a todos, a judíos y a paganos o gentiles. Y, al anunciar el Evangelio, encuentra la oposición de muchas personas, que lo tomaban por loco o por hereje. Las dificultades que encuentran el anuncio del Evangelio y la transmisión de la fe cristiana, en nuestra sociedad, son las mismas que ha encontrado siempre. Son las mismas dificultades que encontró Jesús, desde el principio de su vida pública. El anuncio del Evangelio, si ha sido el verdadero Evangelio de Jesús, siempre ha encontrado oposición y dificultades.
Si el Evangelio es un mensaje de amor, ha de chocar con los intereses y con la organización de este mundo que está, la mayor parte de las veces, al margen del amor y en contra del Plan de Dios. El anuncio del Evangelio es una denuncia de la estructura de este mundo que deja a tantas personas sin trabajo y muriéndose de hambre.
En el salmo 99, la comunidad cristiana se reconoce como reunida y acompañada por el Señor, una comunidad, un pueblo que ha sido creado por él y que a él le pertenece, y que en todo momento reconoce y agradece el apoyo y la fidelidad de Dios. La comunidad cristiana confía sólo en Dios.
La segunda lectura, Apocalipsis 7,9. 14-17., nos habla de una multitud reunida por el Pastor que, al mismo tiempo es cordero que da la vida por el rebaño, formada por personas de toda raza, lengua y nación; y que vienen de la gran tribulación, es decir, que para pertenecer a esa comunidad, han tenido que pasar por el sufrimiento y la persecución, han tenido que optar en medio de dificultades. De nuevo vemos la misión del resucitado: reunir a toda la humanidad, a las personas de todas las razas y de todas las naciones, hacer una comunidad universal en la que caben todos, enjugar las lágrimas de la humanidad y conducirla a las fuentes de aguas vivas. Jesús se presenta como respuesta a los deseos y necesidades profundas de todos los seres humanos.
En el Evangelio, Juan 10,27-30, Jesús dice que conoce a sus ovejas y que éstas le escuchan. Hay una unión y comunicación total entre Jesús y sus seguidores, hasta el punto que él les transmite su vida, y nadie las pondrá en peligro. Jesús es el modelo de todos los líderes (especialmente los que están al frente de la Iglesia), y de toda persona que tiene una responsabilidad de gobierno, desde la familia hasta el estado.
En el Evangelio, donde escuchamos las palabras de Jesús, aparece siempre lo más profundo de la identidad cristiana. Ser cristiano consiste en vivir una total unión con Jesús hasta el punto de experimentar en nosotros su propia vida, como la rama  unida al tronco del árbol, como el sarmiento unido a la vid. Esta unión se manifiesta escuchándole, comprendiéndole, siguiéndole,  reproduciendo, desde dentro de nosotros, su propio estilo de vida. Tan fuerte es la unión del cristiano con Jesús que nada ni nadie puede separarlo de él, y que nos hace a cada uno como otro cristo, cuando nos entregamos de verdad a vivir su propia vida.  
Esta unión del cristiano con su Pastor y su Guía, se realiza en la celebración y comunión eucarística que ahora celebramos, en el compartir los bienes y la vida con los hermanos necesitados (ahora tan urgente para solidarizarnos con los parados) y en la escucha y meditación de su Palabra en las Sagradas Escrituras y en la oración. Estas tres cosas, son tres aspectos de la misma unión con Jesús que no podemos separar.

sábado, 17 de abril de 2010

Homilia 3º domingo de Pascua (Por D. José Lozano)

DOMINGO 3º DE PASCUA – 18 de abril de 2010
Conviene que tengamos en cuenta el carácter festivo y alegre del tiempo de Pascua, que se extiende durante siete domingos, y que ha de marcar la vida cristiana en Pascua y fuera de la Pascua.
Las lecturas de este domingo proclaman con fuerza el hecho de la resurrección del Señor, con palabras y obras, ante todas las dificultades de la vida y de la sociedad.
La primera lectura, Hechos 5, 27-32. 40b-41, nos habla de los apóstoles que anuncian la resurrección, con valentía, pese a la prohibición de las autoridades, “porque hay que obedecer a Dios antes que a los hombres” y “salen contentos del Consejo, por haber merecido azotes por el nombre de Jesús”. Parece que el ambiente contrario que tenían, aumenta la valentía de estas personas. Lo tenían clarísimo, en aquella sociedad que era más contraria al cristianismo que la nuestra.
El Salmo 29 canta el apoyo de Dios a toda aquella persona que da la cara por Él, aunque tenga que pasar por dificultades.
La segunda lectura, Apocalipsis 5,11-14, en la línea de la primera lectura, proclama a Jesucristo como centro de la vida y de la historia. Se reconozca o no, él es el centro de la vida de la humanidad, no el dinero, ni el poder, ni el placer, ni las ideas, sino el que ha entregado su vida por la salvación de todos.
El Evangelio, Juan 21,1-19, nos habla de la tercera aparición de Jesús a sus discípulos, a orillas del lago de Tiberíades, cuando estaban pescando, en el trabajo. Jesús se presenta cuando amanecía (Él es la Luz). Con sus esfuerzos no habían cogido nada. Cuando escuchan y ponen en práctica la Palabra de Jesús llenan la red, hasta casi romperse. Cuando salen a tierra, tienen un desayuno preparado. Es Jesús quien invita, como en la Eucaristía. Examina a Pedro sobre el amor (no sobre el Derecho Canónico ni sobre Liturgia, ni sobre otras cuestiones teológicas, aunque después, estas cosas, la Iglesia las creerá necesarias), antes de confiarle el gobierno pastoral de la Iglesia. Y le anuncia que en el futuro, “otro le ceñirá y lo llevará donde él no quiere”, es decir, le dice que tendrá ocasión de dar la vida por él.
En este Evangelio, encontramos algunos detalles importantes de la persona de Jesús: Es una persona cercana que se hace presente en nuestro trabajo y que hace nuestro trabajo fecundo con su Palabra, si la tenemos en cuenta. Convierte nuestro trabajo y lo hace culminar en la Eucaristía (la comida en la orilla).  Los discípulos confían plenamente en la Palabra del Señor y llenan la red.  Eran 153 peces, la totalidad de especies que, según se creía, había entonces, es decir toda la humanidad. Pedro arrastra la red hacia Jesús. Jesús resucita para atraer hacia sí a toda la humanidad. A pesar de que eran tantos peces no se rompió la red, es decir, en la Iglesia caben todos, no hemos de tener miedo a que la Iglesia se rompa. 

domingo, 28 de marzo de 2010

Conversación con una señora sobre las celebraciones de Semana Santa (enviado por un amigo sacerdote)

Por qué participar en las celebraciones de la Semana Santa
Hace unos días hablé con una señora y me dijo que, para ser buena persona, no hacía falta participar en las celebraciones que se hacían, en las parroquias, los días de la Semana Santa. Le dije que estaba completamente de acuerdo, pero de lo que se trataba no era sólo de ser buena persona sino de, además, ser cristiana.

A continuación, me comentó que ella era cristiana y que no veía la necesidad de ir a su parroquia en estos días. Yo le respondí que, si los cristianos creemos en Jesucristo y si, lo más importante que hizo en su vida, fue entregarse a la muerte por nosotros y resucitar, me parecía muy coherente con la fe en él, participar en la celebración de la Última Cena, la Pasión, y la Vigilia Pascual. Y que, por supuesto yo no la iba a juzgar por lo que ella hiciera, ni iba a pensar que era una mala cristiana, porque no asistiera a los oficios de las parroquias.

Me volvió a decir esta señora que, el cura de su parroquia era muy pesado y aburrido, y que no iba a aguantar un rollo, y privarse del descanso y del relax que supone estar en el campo o en la playa sin obligaciones y sin preocupaciones de ninguna clase. Y que ella, desde su casa del campo, podía pensar perfectamente en la Pasión del Señor, e iría a ver alguna procesión porque era lo que le gustaba. Yo le dije que valoraba sus ganas de descansar y de sentirse libre y sin ninguna traba de ninguna clase, pero que, la celebración de la Cena, la Pasión y la Resurrección del Señor, iban mucho más allá del aburrirse o divertirse en una reunión litúrgica, y del cura que las celebrara. Vamos a un hospital a someternos a una intervención quirúrgica no porque sea agradable o divertida, sino porque es totalmente necesaria para nuestra salud y nuestra vida.

Yo acabé dando las gracias a esta señora por la sinceridad que había tenido conmigo, y por el tiempo que estuvimos juntos tratando este tema. No quise entrar en otros aspectos de la cuestión, como por ejemplo, el ayudar a sus hijos (tiene una niña que está viniendo a la Catequesis) a descubrir lo que es la fe cristiana y educarlos en la vivencia de esta fe, el apoyo a su comunidad cristiana y su enriquecimiento con la participación en la vida de esta comunidad, la dimensión comunitaria de la fe, etc. etc.

Pero, al parecer la celebración del Misterio Pascual, tiene mucho que ver, no ya con el ser más devoto o menos devoto, sino con lo esencial de nuestra identidad cristiana, aunque, hoy en día, la mayoría de la gente, ya no entienda la Semana Santa como una celebración de la fe, sino como una fiesta de primavera.

LA SEMANA SANTA. Reflexión del Rvdo. D. José Lozano

LA SEMANA SANTA
- Se llama también “Semana Mayor”. Para los cristianos es la Semana más importante de todo el año. En ella se celebra la Fiesta de la Pascua que es la más grande de todas las fiestas. Para esta semana nos preparamos con los cuarenta días de la Cuaresma, como ya vimos en el tema anterior.

- La Semana Santa comienza con el Domingo de Ramos, que es como la entrada en esta semana. En este domingo se celebra la entrada de Jesús en Jerusalén, donde iba a entregar su vida por nosotros, y en la celebración de la Eucaristía se lee la Pasión.

- Como ya sabemos, los días más importantes de la Semana Santa son el Jueves Santo, el Viernes Santo, y, sobre todo, la noche del Sábado Santo, en la que se celebra la Vigilia Pascual, la celebración más grande de todo el año, la resurrección del Señor.

- El Jueves Santo es el día en el que Jesús celebró su última cena con sus discípulos. En esa cena, Jesús les entregó su cuerpo y su sangre en el pan y en el vino, y les dijo que hicieran ellos lo mismo en conmemoración suya. Y además les lavó los pies y les dio el Mandamiento Nuevo: “Amaos unos a otros como yo os he amado”. Después de la celebración de la Eucaristía, se hace la adoración al Santísimo en el Monumento.

- En el Viernes Santo celebramos la muerte del Señor. La celebración de este día tiene cuatro partes: 1ª La lectura de la Pasión. 2ª La oración universal por todas las necesidades de la Iglesia y del mundo. 3ª La adoración de la Cruz y 4ª La comunión.

- Y el Sábado Santo por la noche, se celebra la Vigilia Pascual, que es la resurrección del Señor. En esta celebración, lo primero de todo se bendice el fuego y se entra a la Iglesia en procesión con el Cirio Pascual encendido, que representa a Jesús resucitado; todos encendemos nuestra velita del Cirio. A continuación se hace el Pregón Pascual, después se hacen la lecturas de la Sagrada Escritura. Acabadas las lecturas el Sacerdote hace una breve homilía. Y después se hace la renovación de las promesas del Bautismo, y, acabadas las promesas, se celebra la Eucaristía. Notaremos que en la misa se repite varias veces el “aleluya” que no se ha dicho en toda la Cuaresma. Es señal de la gran alegría que tenemos todos por la resurrección del Señor.

- Para vivir todas estas cosas necesitamos mucho silencio, mucha reflexión y mucha oración. Si no centramos nuestra atención en lo que celebramos, no nos enteramos de nada.

- Una de las cosas por la que vemos que nuestra sociedad ha dejado de ser cristiana es que, en estos días, la mayoría de la gente se los toma para tener vacaciones y para hacer turismo. Para mucha gente la Semana Santa sólo son unos días de descanso y de diversión. Lo que es menester es que nosotros no nos contagiemos de ese ambiente que hay en el mundo.

- También hay mucha gente que está apuntada a las cofradías y sale en los pasos. Cabe la posibilidad de que, preocupándose de organizar la procesión de su cofradía, estas personas estén tan metidos en eso, que no tengan posibilidad de participar, como es debido, en los oficios que se celebran en las parroquias. Si las cofradías ayudan a vivir con profundidad lo que se celebra en las parroquias, son buenas. Si nos distraen y nos despistan, ya no son tan buenas.

- Lo importante es que, a partir de la Semana Santa, los cristianos vivamos una vida nueva. Se ha de notar que hemos resucitado con el Señor. Y una de las señales más importantes, de que hemos resucitado, es que vivimos una vida llena de amor para Dios y para todas las personas. El que ama de verdad, ha resucitado. El egoísta está muerto. Y no sólo hemos de resucitar nosotros, han de resucitar también nuestras familias y nuestros barrios. Nos hemos de comprometer en resucitar todo lo que esté en nuestras manos, dando todo el amor que podamos en las cosas que hacemos y en el trato con todas las personas.

- Hemos de poner todo nuestro empeño en vivir, con profundidad la Semana Santa. Si no la vivimos así es que no hemos comprendido lo que es ser cristiano, nos distinguimos muy poco de las personas que ya se han apartado de la Iglesia.

CUESTIONARIO
1.- ¿Qué cosas no he entendido de lo que acabamos de leer?
2.- ¿Cómo he vivido la Semana Santa en los años anteriores?
3.- ¿Qué puedo hacer para vivir mejor estos días tan importantes?
4.- ¿En qué puedo ayudar a las personas que conozco a vivir bien la Semana Santa?
5.- ¿Cómo ha de ser mi vida después de la Semana Santa?

sábado, 27 de marzo de 2010

28 de marzo, Domingo de Ramos. 11'00 h Bendición de Palmas en Glorieta, Procesión y Misa.

DOMINGO DE RAMOS


La celebración de hoy comienza con gran alegría. La procesión de las palmas es siempre alegre y vibrante. Es cierto que nosotros mismos, como los habitantes de Jerusalén, hace ahora más de dos mil años, hemos participado de la alegría del momento. Casi todos se han vestido mejor, más elegantes, o, incluso, habrán estrenado algo, como marca una vieja tradición. Pero la alegría se detiene tras la lectura de la Pasión según San Lucas. Emociona, y mucho, la tragedia, dolor y sufrimiento de nuestro Maestro Bueno. Es verdad que cuando salgamos del templo, hoy, llevaremos la impronta de pesar que marca el camino hacia la Cruz de Jesús de Nazaret.

Jesús quiso dejar claro que era pacífico. Entró en Jerusalén sobre un borriquillo y no a lomos de un impetuoso caballo blanco, rodeado de su guardia de corps. Los antiguos reyes judíos utilizaban el borriquillo como símbolo de humildad. El cortejo real era festivo y propio de una romería. Las gentes le saludaban con ramos de olivo –señal de paz—y palmas. Y, desde luego, fue un gran éxito. Y si bien a las fuerzas de ocupación romana el asunto no les importó nada, no ocurrió así con el conjunto de las autoridades religiosas de Israel, que entendieron perfectamente que esa entrada era religiosa y que añadía un talante de paz y de fiesta muy deseado por el pueblo, pero odiado por el sistema oficial del Templo, ya que era todo un cambio. Y fue esa entrada triunfal lo que precipitó la persecución y muerte de Jesús.

Abramos nuestros oídos y también nuestros ojos, nuestra mente y nuestro corazón, para descubrir, en la lectura de la Pasión, nuestra propia realidad. Tal vez nos identifiquemos con el que traiciona y vende a su amigo, a su familia, o a su pueblo por dinero. El hombre que facilita su casa para celebrar la cena pascual y provee generosamente para el compartir fraterno. El miedo de los discípulos ante el peligro; la falsa promesa de Pedro de acompañar a Jesús y estar dispuesto a morir con él, y la negación posterior. La debilidad en la oración por parte de los discípulos, el sueño que no los deja ver la realidad y la invitación a estar siempre vigilantes y orantes, pues no es fácil asumir la cruz de cada día. ¿Existen esas realidades en nuestro entorno social, familiar y eclesial? ¿Existen hoy personas que buscan la justicia por medios violentos, como lo quiso hacer aquel que sacó la espada para defender el proyecto de Jesús? ¿Existen hoy personas que, llenas de miedo, abandonan la causa del Reino y se esconden para defender sus vidas? ¿Existen hoy juicios como el que le hicieron a Jesús?

Y ahora, en esta Eucaristía sintámonos Iglesia reunida en torno a Cristo que "sube a Jerusalén": "subamos también nosotros con él". Aclamémosle como Rey pacífico; acojámosle, a El que nos llega en nombre del Señor; recibámosle como Pan de Vida partido y entregado por nosotros. Y alentados por esta prenda de victoria, mantengámonos en estos días despiertos y atentos en expectación de la madrugada de Pascua.

Sábado 27 de marzo. (20'00 h): Solemne Misa de la Hermanadad del Prendimiento-Centuria Romana de Cox

Hoy damos comienzo a la Semana Santa. En ella se descubre en toda su hondura el drama del hombre ante Dios. Drama de vida y de muerte, de traición y de eterna felicidad.

La narración de la Pasión de San Lucas resalta el señorío de Jesús, que da permiso para su prendimiento y responde con autoridad a los sumos sacerdotes. Y sobre todo resplandece la infinita misericordia del Señor en tales momentos, llamando al traidor por su nombre, curando la oreja del criado del pontífice, perdonando a los que le crucifican, y prometiendo el paraíso al buen ladrón. Jesús se manifiesta así como reflejo del amor y de la misericordia del Padre hacia nosotros.

San Juan de Ávila dejó escrito que era necesario que la lanza del centurión romano abriese el corazón de Cristo para que a través de esa herida pudiéramos los hombres vislumbrar el amor infinito del Padre que entrega a su Hijo por nosotros, y del Hijo, Jesucristo, que se entrega a la muerte por nosotros.

En esta Eucaristía –como en todas—vuelve a repetirse en símbolo y en realidad aquel acto de entrega de Jesús. Y nosotros que, como los discípulos y los judíos, unas veces hemos aclamado a Cristo con entusiasmo como Rey y después le hemos traicionado y abandonamos tantas veces, nos convertimos, por nuestra debilidad y nuestro pecado en protagonistas de la Pasión, tal como la hemos escuchado en el Evangelio.

Aceptar nuestra propia cruz nos cuesta mucho, pero nos puede ayudar a llegar hasta Dios. Este cuento nos puede ayudar a comprenderlo:

“Una vez un joven andaba buscando al Señor, pues quería ser su amigo. El Señor estaba en el bosque preparando cruces para que sus amigos le siguiéramos. El joven encontró al Señor y cargó con una cruz. Era grande, pesada y tenía nudos que le herían en la espalda. Un diablejo se le cruzó y le ofreció un hacha. Fue cortando trozos a la cruz para calentarse por la noche. Cortó los nudos y ya no le dañaba. Así, lisa y pequeña, resultaba bonita. Casi podría colgársela al cuello como adorno. Pero al llegar al reino vio que la puerta estaba en lo alto de la muralla. «Apoya la cruz en la muralla y trepa por los nudos», le dijo el Señor. Pero la había recortado y pulido tanto que no podía subir. «Vuelve sobre tus pasos, le insistió el Señor, y si ves a alguno agobiado, ayúdale y así podréis subir juntos los dos con la cruz de tu amigo”.

Ayudemos nosotros a llevar la cruz a aquellos que sufren su peso… a aquellos amigos o familiares que sufren por causa de la enfermedad u otros infortunios. A ellos, nosotros, deberíamos mostrarles que Jesús está sufriendo con ellos y que no están solos. Su cruz puede ayudarnos a subir al Reino…. De verdad, aprovechemos estos momentos de la Semana Santa de 2010 y hagamos de ella un acontecer único, profundo, pero manso y pacífico, como lo es nuestro Señor Jesús.